Sociología rave: Evasión colectiva frente a la sociedad

Cuando la Primera Ministra británica Margaret Thatcher inauguró la autopista de circunvalación M25 o London Orbital el 29 de octubre de 1986, nada le hacía presagiar los quebraderos de cabeza que le traería la que en los años 90 sería la principal arteria de desplazamiento del movimiento rave –incluso dio nombre a uno de los dúos más destacados de la época, Orbital– al sur y este de Inglaterra durante el Segundo Verano del Amor (1988-1989).

Con las maratonianas fiestas derivadas del Año Nuevo en boca de todos los medios, nos preguntamos qué es y qué no es una rave, qué fue y qué ha podido ser. Volvamos a sus orígenes. ¿Cómo se construye una rave y qué trasfondo sociológico encierra? ¿Va más allá del placer que ofrece bailar y festejar sin restricciones? Por una vez, pongámonos académicos. Cambiemos de plano. El siguiente artículo servirá de análisis, apoyado en distintos textos de estudio, de algunos de los principios que quizá ordenaron la difamada cultura rave y su relevancia como un movimiento evasión social transitoria más allá del mero divertimento. I'll take your brains to another dimension.

¿Qué es? Cultura y ocio

RAVE noun [C]  /reɪv/ : an event where young people dance to modern electronic music and sometimes take illegal drugs.

Esa es la definición que aparece en el Diccionario Cambridge sobre qué es una rave. Pero una rave es mucho más que baile y drogas, es una contracultura de escape de la sociedad con la que convive. A menudo estigmatizado y censurado por las clases altas, el movimiento rave construye una cultura en sí misma a tenor de la definición que Raymond Williams aporta en “La cultura el algo ordinario” (1958): “Construir una sociedad significa descubrir significados y orientaciones comunes, y dicha construcción comporta un debate y una mejora continuos (…) La cultura es algo ordinario en toda sociedad y en todas y cada una de las mentalidades”. ¿Por qué ha de ensalzarse la “alta cultura” que puede representar la música clásica en un auditorio y repudiar una fiesta al aire libre sonando acid house?

El fenómeno rave busca una alternativa al ocio estandarizado modificando la construcción del tiempo y del espacio. Pero tal y como apunta Howard Becker en “El poder de la inercia” (2009), el desmarcarse de lo normalizado por la sociedad implica un gran esfuerzo que acometer y luchar contra el sistema (político y mercantil) que intentará reestablecer el orden preestablecido en cuanto algo interfiera en él. ¿Suponen entonces las raves una revolución total contra el sistema? No, más bien una insurrección efímera. En “Energy Flash. Un viaje a través de la música rave y la cultura de baile” (1998), el destacado periodista musical Simon Reynolds apunta, cómo en el ensayo “The Ecstasy of Disappearance” (1993), “Melechi sostiene que la rave reemplaza el viejo modelo de actividad subcultural como resistencia a través de rituales. Mientras que las subculturas terroristas del tipo más antiguo como la mod o la punk eran exhibicionistas, una patada en los huevos a la sociedad convencional, el rave es una forma de desaparición colectiva, una inversión en placer que no debería descartarse como mero escapismo o mera retirada”.

¿Cuál es su objetivo? Aquí y ahora

El tiempo de producción y consumo, el tiempo de trabajo y ocio, están íntimamente ligados y marcados por el mercado. Las raves intentan terminar con esas pautas. Resignificando una reflexión mencionada por Martín Barbero en su ponencia "Políticas de la comunicación y la cultura. Claves de la investigación" (2008), el conflicto de las raves con el sistema radica en parte en este concepto de ruptura del acotamiento temporal “Porque si algo dura se revienta el mercado y el sistema. El primer ingrediente para la sostenibilidad cultural es pensar las dimensiones temporales conflictivas de nuestras culturas y de nuestros productos culturales”. Las raves ilegales no tienen horario ni de apertura ni de cierre. No tienen finalidad comercial. Se plantean como un encuentro abierto y sin normas o especificaciones claras; solo se organiza su existencia. Simplemente suceden, el factor de espontaneidad es crucial tal y como relata Hakim Bey: “La fiesta siempre está abierta porque no está regulada, sometida a orden; puede estar planeada, pero a menos que «suceda» por sí misma es un fracaso”. La inmediatez rebelde frente al ocio mediado y pasivo.

Bey, escritor anarquista estadounidense, es autor del ensayo “La zona temporalmente autónoma” (1990). Una zona temporalmente autónoma (TAZ en adelante) supone “una revuelta que no se engancha con el Estado, una operación guerrillera que libera un área –de tierra, de tiempo, de imaginación– y entonces se autodisuelve para reconstruirse en cualquier otro lugar o tiempo, antes de que el Estado pueda aplastarla. Puesto que el Estado tiene más que ver con la Simulación que con la substancia, la TAZ puede «ocupar» estas áreas clandestinamente y llevar adelante sus propósitos subversivos por un tiempo con relativa tranquilidad”. Sin duda el concepto de TAZ expuesto por Bey define a la perfección el contexto en torno a las raves –incluso han tenido lugar raves con ese nombre–. Las raves (al igual que las TAZ) son, en definitiva, “subidas de tensión” temporal contra la normalidad en oposición a un intento de revolución permanente condenado al fracaso.

El propio Bey defiende que la fiesta en sí misma, alejada de los estándares de control propuestos por los órganos de poder, es una de las bases de las TAZ: “«Luchar por el derecho a la fiesta» es algo más que una parodia de la lucha radical: es una nueva manifestación de esa misma lucha, adecuada a un tiempo que ofrece televisores y teléfonos como medios de «contactar y tocar» a otros seres humanos, formas de «estar ahí»”. Trasladándonos a Berlín, un caso concreto podría ser el de las Love Parade y Fuckparade. Love Parade fueron una serie de manifestación-festival anuales organizadas en Berlín cuyo origen se remonta al 1 de julio de 1989 (meses antes de la caída del Muro) en manos de Dr. Motte bajo el lema “Paz, alegría, tortitas”. Con el paso del tiempo la fiesta perdió su carácter transgresor llegando a ser legalizada y patrocinada (hasta su trágica desaparición en 2010 tras la muerte de 21 personas), por lo que desde 1997 –en reacción a la comercialización de Love Parade y la prohibición de estilos extremos como el gabber o el hardcore durante su celebración–  surgió en paralelo Fuckparade (y curiosamente dentro de este, uno de los primeros memes de Internet: Techno Viking), que recuperaba los valores del desfile underground y luchaba por derechos sociales de la ciudadanía y la ocupación del espacio. Luchar por y con la fiesta.

Bey también menciona la importancia de la música y de la estética en la formación de las TAZ, que aplicadas al contexto que nos ocupa, la relación es casi idéntica: “La importancia de la teoría estética (los Situacionistas); también lo que podrían llamarse «economías pirata», vivir de los excedentes de la sobreproducción social —incluyendo la popularidad de coloridos uniformes militares— y el concepto de música como forma de cambio social revolucionario”. La estética juega un papel fundamental en las raves –con el smiley como símbolo principal del movimiento–, desde los graffitis o los flyers hasta la excéntrica vestimenta de los asistentes con ropa ancha de camuflaje o colores chillones, siendo en ocasiones el punto central de las mismas. En cuanto a las “economías pirata” que cita Bey a lo largo de su ensayo, la ocupación de almacenes y fábricas –warehouses– se antoja como un punto fundamental para Emiliano Ilardi (2001) por dos razones: práctica y simbólica. Práctica por el hecho de disponer de un espacio capaz de albergar a miles de personas y libremente configurable en contraposición a los clubes estandarizados, y simbólica por la utilización de la ruina del antiguo espacio de trabajo por excelencia, imponiéndose así la fiesta sobre el mercado. Un caso particular es el de Berlín, ocupando fábricas, bloques o incluso búnkeres vacíos tras la caída del Muro –aproximadamente un tercio de los edificios de Berlín Este lo estaban–, y convirtiendo así espacios en los que meses atrás habrían sido disparados o encarcelados en clubs de baile. E-Werk era una central eléctrica; Trésor un banco; Planet un almacén. Un acto de liberación política y social a través de la oscura música techno.

¿Cómo funciona? Éxtasis y red

Antropológicamente, las raves están constituidas por grupos, tribus o bandas que se desmarcan del ideal familiar tradicional persiguiendo un fin común de divertimento y escape de la sociedad, tal y como Bey define en las TAZ: “La familia es cerrada, por lo genético, por la posesión machista de la mujer y los niños, por la jerárquica totalización de la sociedad agrícola/industrial. La banda en cambio es abierta –no a todos, por supuesto, pero sí al grupo de afinidad, los iniciados se comprometen por lazos de amor. La banda no es parte de ninguna jerarquía superior, sino parte de un modelo horizontal de relaciones, lazos de sangre extendidos, contratos y alianzas, afinidades espirituales”. La banda no exige identidad o fidelidad, parentesco o amistad, simplemente compartir unos mismos valores durante el tiempo que dure la TAZ.

En una rave se produce un proceso de escucha colectiva donde, aunque cada integrante escucha la música en sus oídos individualmente, se genera una interacción común entre todos que acrecienta la comunicación y sensación de unión entre los miembros de la banda. El ritmo y la puesta en escena como potenciadores de relaciones. Un ejemplo reciente podemos encontrarlo en el caso de Bradley Gunn Raver, un joven con síndrome de Asperger y graves problemas de interacción social cuya pasión por el baile en raves y festivales le llevó a superar estas barreras, convertirse en una celebridad e incluso conocer –y bailar– junto a algunos de sus ídolos.

En esa creación de vínculos afectivos pasajeros propias de las raves también puede jugar un papel fundamental la droga, piedra angular del movimiento y, sin lugar a dudas, punto más conflictivo y polémico. La salud pública en peligro. Pero como dato curioso, durante la época de llegada del éxtasis y su mayor consumo en Reino Unido (principios de los años 90) el hooliganismo y vandalismo descendieron a los niveles más bajos en un lustro, así como las agresiones sexuales –la droga del amor tiene más que ver con la amistad que con el sexo– o el consumo del alcohol entre los jóvenes. “En términos generales, parece que el éxtasis potencia la tolerancia. Uno de los encantos de la escena rave en el punto álgido del subidón era cómo permitía la mezcla más allá de las divisiones de clase, raza u orientación sexual. El MDMA libró la cultura del camarillismo y del sectarismo estilístico (…) un antídoto contra la enfermedad inglesa: la reserva, la inhibición, el constreñimiento emocional, la conciencia de clase” (Simon Reynolds, 1998). Hedonismo puro donde la multitud supera al yo creando un nosotros: la banda definida por Bey. “Los espacios que la cultura de club ocupó y transformó a través del éxtasis y la desaparición representan una fantasía de liberación, un escape de la identidad. Un lugar donde nadie es, pero todos pertenecen (Melechi, 1993). Simon Reynolds destaca la similitud de los ritos paganos prehistóricos con un programa de la cultura rave, casi a modo de profecía. Ritmo, movimiento, colectividad, droga; ritual. El Dj como el nuevo chamán o pastor, basándonos en la comunicación ritual definida por Carey (1985). El objetivo de la rave no es transmitir un mensaje, sino construir un significado común para las personas que lo viven y lo comparten. Por un lado, podemos pensar que la cultura rave no tiene ninguna meta más allá de su difusión; se trata de una celebración de la celebración. Por otro, y como hemos hablado en esta web en otras ocasiones, que es una herramienta de fuerte carga políticosocial.

La escena rave ha aprovechado el desarrollo de la tecnología en todas sus fases. Si la rave es la exaltación del aquí y ahora en un plano físico, lo inmediato y efímero, necesita un apoyo logístico, un sustituto virtual que permita el desarrollo de futuras TAZ y avive la expectativa durante el tiempo que pasa entre una a otra: la Red. Más allá del principal boca a boca, algunos de los principales métodos de difusión eran cuidados flyers en Internet, llamadas a números de teléfono móvil que te indicaban las coordenadas del siguiente punto de control o las emisoras piratas que invadían las ondas radiofónicas para facilitar las pistas necesarias para llegar a las raves –como la Rough Crew con información para las fiestas gratuitas de Spiral Tribe, u otras tantas establecidas en los laberínticos y mastodónticos bloques del este de Londres que también favorecieron la dispersión del grime–.

Durante los años 80 se desarrolló en Reino Unido, en parte en oposición a la persecución sufrida por parte de las autoridades y medios generalistas, un movimiento raver itinerante. Los “travellers” –también conocidos como New Age Travellers– eran bandas nómadas que viajaba en caravanas, camiones e incluso buses haciendo fiestas y festivales en fábricas abandonadas o campo abierto a lo largo del país, y posteriormente –tras la represión y endurecimiento de la Ley Criminal Justice and Public Order Act sufrida después del Castlemorton Common Festival de 1992, que reunió a más 40.000 personas durante una semana– de Europa, ayudando así a la expansión del movimiento rave y los teknivales por otros países como Francia o Alemania. Nómadas que guían su camino siguiendo estrellas extrañas, las raves.

PLUR. Peace Love Unity Respect. Esos eran los cuatro principios que abanderaban todo el ideario del movimiento rave desde sus inicios, surgido desde la contracultura hippie americana. ¿Cómo podría, entonces, un movimiento con unas bases tan positivas ser tan negativo para la sociedad como muchas veces se ha hecho ver? Quizá hemos perdido el rumbo por el camino...


Bibliografía:

Williams, R. (1958). "La cultura es algo ordinario" [En The Raymond Williams Reader, pp. 37-62. Traducido por Ricardo García Pérez]

Carey, J. (1985). "Two views of communication: Transmission & Ritual", Political Discourse

Bey, H. (1990). La zona temporalmente autónoma

Melechi, A. (1993) "The Ecstasy of Disappearance", Rave Off, Avebury

Reynolds, S. (1998). “Energy Flash. Un viaje a través de la música rave y la cultura de baile”, Editorial Contra [Reedición de 2014]

Ilardi, E. (2001). El ilegal rave como fenómeno político

Barbero, M. (2008). "Políticas de la comunicación y la cultura. Claves de la investigación", Documentos CIDOB, Dinámicas interculturales, 11

Becker, H. (2009). "El poder de la inercia", Apuntes de Investigación del CECYP, n.15, pp. 102-111