Crónica: Fisher encabeza el gran debut de Maudes Festival en Gran Canaria
El mito de Naia frente al océano, las actuaciones de Fisher, Syreeta o Pablo Fierro y la energía del público marcaron la primera edición del festival temático en Canarias. Así lo vivimos.
Mientras en Boom se celebraba ese parque temático de fantasía y sobreproducción llamado Tomorrowland, en una latitud muy diferente Las Palmas de Gran Canaria disfrutaba de su propia narrativa y festival temático con "Echoes of Atlantis", la primera y exitosa edición del desembarco de Maudes en las Islas Canarias. Y nosotros, seguidores habituales del trabajo del festival madrileño, después de bailar en su quinta edición en la capital no quisimos perder la ocasión de vivir este nuevo debut en primera persona.

La música esta vez no tenía lugar en el interior del imponente auditorio Alfredo Kraus, si no a sus pies, en un enclave privilegiado junto al océano. Y el montaje, también. Si la edición madrileña cuenta con su ya icónica cabeza de estética punk robot naturalizado, Gran Canaria tiene la suya propia con una imagen aún más legendaria: el Mito de Naia. Eso sí, esta también dispara láseres por los ojos. Esta presidía el escenario, bien respaldada por una pantalla estrecha y horizontal que potenciaba el conjunto pero manteniendo la jerarquía de elementos donde la cuidada ambientación física y temática predominaba sobre el digital, algo que nos gusta especialmente en una escena donde veníamos de pantallas cada vez más y más grandes.

La jornada arrancó construyendo el clima festivalero poco a poco, con una temperatura ideal, la brisa marina y las palmeras meciéndose al son. Vira primero, y Les Castizos después, fueron los encargados de abrir la velada, ofreciendo una lectura de pista idónea para ir caldeando el ambiente sin prisas, asentando los primeros bombos y preparando el terreno mientras la masa crítica colonizaba el espacio. El punto de inflexión llegó cuando la británica Syreeta tomó el control de la cabina, con una selección llena de soltura y mucho –pero mucho– groove. Baile asegurado en manos de la residente de HE.SHE.THEY, que casaba a la perfección con el momento del atardecer.
Y entonces, el clímax. Fisher aterrizaba como el gran reclamo de la noche, y cumplió exactamente con la función para la que fue convocado. Con su energía incombustible –ataviado con sus icónicas gafas de sol y gorro– y ese house pistero diseñado para romper estadios, el australiano hizo todo lo posible para pescar a las miles de almas allí congregadas y sacarles todo el jugo. Sin rodeos ni florituras intelectuales, empezó a desplegar una retahíla de éxitos ajenos y propios –incluidos sus últimos lanzamientos como "What A Life"–, aprovechando el despliegue de visuales y pirotecnia a su favor para llevar la pista al punto de ebullición. Cada vez que levantaba los brazos previo al drop –y no fueron pocas–, la abarrotada Plaza de la Música se venía arriba. Y el bien nutrido backstage, también. Y sí, ocho años después "Losing It" sigue pegando. Los fuegos artificiales previos a su cierre al son del clásico "One More Time" reflejaban las sensaciones de muchos de los presentes que no querían que sus 90 minutos terminasen.
Porque en conjunto lo que nos encontramos fue un público numeroso muy entregado y entusiasta, que bailaba y botaba sin parar. Pura energía. Además, la pista sirvió como punto de encuentro, tanto generacional –vimos varias familias con padres e hijos dándolo todo juntos– como internacional –siendo Canarias un punto de gran afluencia de turismo nacional y foráneo–.

Pero por suerte, aún había más. Cerraba la noche un Pablo Fierro que jugaba en casa, y desde el inicio se le veía que llegaba con ganas de ofrecer una masterclass de disfrutonería. Tremendo despliegue del tinerfeño, con su sonido house orgánico y percusivo, para poner la guinda a una tarde noche para el recuerdo en su isla vecina.
El debut de Maudes Festival nos ha dejado muy buenas sensaciones, demostrando que cuando hay intención y ganas de hacer las cosas bien, el público responde. Incluso las administraciones lo hacen. Y si algo le sobra a Maudes es valentía y proposición, y a menudo recordamos sus inicios, siendo el primer festival en la más que complicada época de pandemia.
Un montaje audiovisual muy cuidado, en su línea, con la gran cabeza de Naia presidiendo el escenario y un sonido de gran calidad. Como contrapunto, detalles de organización a pulir en sus siguientes ediciones como mejorar la experiencia en torno a barras y baños. En resumen, una primera piedra firme –volcánica, seguro– que nos deja con ganas de descubrir el próximo capítulo. Naia, mi niña, te esperamos de vuelta.
