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Art After Dark: el arte moderno baila música electrónica en Bilbao

Carl Craig, Antoni Tàpies, Booka Shade, Frank Gehry, Ellen Allien, Louise Bourgeois, Seth Troxler, Eduardo Chillida, Redshape, Anish Kapoor, Dj Tennis, Richard Serra, Marc Houle, Jeff Koons, Kiasmos, Mark Rothko, Dj Hell, Yves Klein, Miss Kittin, Jean-Michel Basquiat, Erol Alkan, Jorge Oteiza, Magda. Arte moderno, arquitectura y música electrónica como un único ser.

Pocas propuestas más interesantes y que aglutinen más pasiones que Art After Dark he podido vivir hasta la fecha. Pero no, no es algo nuevo. Ni mucho menos. De hecho, llevan más de una década (desde octubre de 2008) repartiendo musicote de djs de talla internacional un viernes al mes en el atrio del brillante —en todos los significados de la palabra— Museo Guggenheim de Bilbao.

Su objetivo era —a través de un programa diseñado en colaboración con el club Feveratraer a los jóvenes al museo, abrirles sus puertas a través de la fiesta. Y vaya que si lo consiguieron. Pero no sólo ellos, pues entre la juventud encontramos gente mucho (pero mucho) más mayor que aprovechaba el horario afterhours del museo y, de paso, conocía la música que allí sonaba. Todo el mundo descubriendo nuevas facetas de la cultura.

Porque sí, la electrónica es arte y cultura (¡amén al nombre de tal colectivo!). Porque cultura es todo ello que une a un amplio grupo de personas. Y la música electrónica lo consigue con creces. Pero si nos ponemos más puritanos y elitistas, aunque la electrónica haya crecido en los búnkeres de Berlín, en las raves de Londres, en los suburbios de Detroit, o en las calles de Kingston, bebe en sus orígenes de las vanguardias artísticas europeas, de los ismos de principios de siglo pasado. De esas obras tan presentes en los museos contemporáneos. ¿No deben, por tanto, compartir protagonismo, reconocimiento y escena? Que se lo pregunten a Kraftwerk.

El pasado 15 de febrero el joven dj local José Aramburu era el encargado de abrir la lata con la ría al fondo. Qué bien lucía el inmenso atrio, convertido en el club más singular del mundo (ojo, con un buen equipo y copas a un precio muy accesible) por unas horas, capaz —por su posición central— de distribuir el sonido a todas las salas del complejo. Recorrimos el museo dejándonos llevar por el ritmo, y creednos si decimos que todo encajaba tan a la perfección que resultaba difícil imaginar mejor visita que de tal modo. Las esculturas de Giacometti, esbeltas y estáticas, parecían bailar al son de "VI" o "Babilonia" de su compatriota Musumeci sin ser casual su encuentro. Las metálicas esculturas de Richard Serra —posiblemente la sala más espectacular del Guggenheim— funcionando como un enorme conjunto de diapasones, vibrando, replicando, cortando el fino sonido Innervisions proyectado por Trikk, gran reclamo de la noche y figura de la próspera escena portuguesa. Qué clase, qué gusto, qué arte.

Art After Dark no para, y las próximas fechas tendrán claro sonido germano. Primero con la visita del veterano Steve Bug acompañado por el live del joven Tim Engelhardt el 15 de marzo, mientras que el 5 de abril el protagonista será Oliver Schories, escoltado por Robert Wagenknecht. Completan el cartel de cada día, respectivamente, los vascos Auto y Ocariz. Nosotros tenemos muy claro que volveremos pronto para deleitar nuestros sentidos. Porque el arte moderno baila música electrónica.

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Arquitecto y comunicador, más madrileño que el oso y el madroño. Obseso de la buena música en general y de la electrónica en particular, de toda. Beatsoupero desde pequeñito. CEO.
Madrid