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Don't Let Daddy Know Spain, mejor no se lo cuentes a papá...

Hace unos días el polivalente recinto ferial IFEMA acogía un nuevo evento de gran formato, un nuevo festival de música electrónica. No, no hablamos de Oro Viejo, ni de DGTL Madrid, ni de Sensation Rise (parece que, al fin, se está sacando partido al recinto)... hablamos de Don't Let Daddy Know.

A nivel organizativo, el evento funcionó sin contratiempos. Tener a una marca contrastada a nivel mundial detrás es algo que se nota. Y en un evento que reunió a más de 5.000 asistentes es algo a tener muy en cuenta. Fuertes controles de seguridad, y —es cierto que entramos pronto— esperas ordenadas y razonables en el interior, aunque aumentasen consideradamente en las horas puntas (especialmente en el ropero, dividido en varias secciones para mayor agilidad). Eso sí, aunque la puesta en escena fue buena, efectiva —pirotecnia incluida—, lo cierto es que se nos quedó algo corta respecto a otros eventos DLDK que hemos visto fuera de nuestras fronteras.  Pero no es nuestra mayor duda, sino la propia música.

Luc Loren nos dio la bienvenida, y no fue la que soñábamos. El componente de The Tripletz pretendía servir con su outfit de diva un homenaje a Britney Spears, pero nos recordó más a un Salvatore Ganacci 'made in Spain' más centrado en el espectáculo que en las mezclas, con tanta coreografía (escolta de bailarinas incluida), salto y paseo por el escenario. Musicalmente, selección fácil. Demasiado. Cortita y al pie, para todos los públicos. Desde el Top50 actual a grandes clásicos infalibles, con mezclas del calibre de "Levels" con "Barbie Girl" o "Let It Go" (sí, la de Frozen, que si al menos fuese el remix de Da Tweekaz...) con "Barricade". Difícil de tragar.

Tomaba el relevo Mike Williams en su primera visita a la capital, quien a base de future house y big room encandiló rápido a un público ávido de fiestorro a cualquier precio. Con más construcción que su predecesor (tampoco era complicado), dejo una sesión entretenida —con tracks como "Don't Hurt"— en la que presentó incluso algún nuevo lanzamiento como "Wait Another Day".

Llegaba el turno de Third Party, quien creíamos —y a la postre, corroboramos— serían la mejor actuación del festival. No fallan. El dúo inglés abandera el progressive house más melódico y enérgico —"El progressive es lo que nos mueve y lo que la gente quiere que hagamos"— de la escena actual, y lo hace con mucha clase. Una hora intensa en la que dejaron caer sus ya clásicos "Everyday Of My Life", "Lions In The Wild" o "Live Forever", además de los adelantos de su álbum en camino como "Come With Me" o el recién estrenado "Remember", que rinde homenaje a la época rave británica de los años 90 —"Muchos productores de ahora tienen como 15 años, vienen del colegio y obviamente no tienen ni idea de lo que eso significó"—. Antes de saltar al escenario pudimos hablar con Harry y Jonnie sobre este y otros temas, en una entrevista que podéis consultar en detalle aquí.

No mentiremos si decimos que Tiësto era quizá la principal razón de nuestra visita a DLDK. Y aunque —muy a nuestro pesar— esperábamos decepcionarnos, no pensábamos que sería para tanto. Mejor que no dejemos a papá saber en qué se ha convertido. El bueno de Tijs no es ni la sombra de la leyenda del trance que fue hace no tanto tiempo. Esa que nos ayudó (y mucho) a enamorarnos de esta música. Porque de trance ni hablemos. Sucesión de drops big room —con tintes más hard hacia el final— sin apenas transición o discurso entre ellos, un totum revolutum en el que sonaron entre botes Macklemore o The Cranberries, e incluso se atrevió a despedazar a golpe de tambor, aparte de su discografía, piezas de culto como "Sky And Sand" de Paul Kalkbrenner. Y por favor, que alguien le diga que en breves entramos en 2019 y no 2013, que encadenar a estas alturas "Pursuit Of Happiness" (Steve Aoki Remix) y "Heads Will Roll" (A-Trak Remix) tiene delito. Pero ojo, que el grueso del público lo disfrutó a base de bien sin parar de saltar y, lo que parece más importante hoy día, de grabar sus momentos favoritos (en los que quizá esté la aparición de Danny Avila en escena).

Y cuando creíamos que —aunque fuese sólo por consolar esas fieles almas que fueron esperando encontrar algún rastro de su yo anterior— el holandés cerraría con un "clásico" (como el mismo anunció) suyo, lanzó "Levels" por 3525 vez en la noche. Que rendir tributo a Avicii está bien, es justo y necesario. Pero el inmenso talento de Tim iba mucho más allá de ese himno.

Le sucedía a los mandos —tras una larga espera y con la intro correspondiente— un compatriota. Don Diablo abría la lata con "Survive", y de él siempre se puede esperar una buena actuación de future house tirando de su vasto catálogo. El rato que le aguantamos el pulso así fue, aunque ni nos quedamos al cierre que —por lo que nos chivaron— fue con esa joya vocal llamada "Starlight (Could You Be Mine)". Aún quedaba tiempo para Dimitri Vangelis & Wymann —que retomarían la bella senda del progressive— y Sem Vox al cierre, pero eso es ya otra historia.

Viendo entregarse a la mayoría del público (bastante joven, por cierto) en lo que podríamos rebautizar como Drop Let Daddy Know, quizá el problema sea nuestro. Quizá nuestro gusto ya no comulgue tanto con un tipo de música, en cierto modo, repetitivo y plano si no te entregas al frenesí festivalero sin preguntarte nada más.

En cualquier caso, lo cierto es que el balance de Don't Let Daddy Know Spain como evento es muy positivo. A las cifras y sensaciones generales nos remitimos. Eso sí, nosotros mejor no se lo contamos a papá... que era de esos que escuchaba a Kraftwerk y a New Order. E incluso, quizá algo de Tiësto, pero del de verdad.

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Arquitecto y comunicador, más madrileño que el oso y el madroño. Obseso de la buena música en general y de la electrónica en particular, de toda. Beatsoupero desde pequeñito. CEO.
Madrid