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El clubbing responsable y las leyes anti-baile

Derivado de la pandemia mundial, la industria de la música electrónica —como tantas otras hoy en día— atraviesa su momento más crítico. Una temporada en blanco en Ibiza lo dice todo. Según el informe anual del International Music Summit, el valor de la industria bajaría un 56% este 2020 respecto al año anterior. La imposibilidad de abrir locales y clubs, o poder hacerlo con unas medidas muy estrictas siguiendo las indicaciones sanitarias (¡sin pistas de baile!) presagian la quiebra. Iniciativas como United We Stream (con la que colaboramos) intentan sumar su granito de arena frente al desastre.

La búsqueda de nuevas fórmulas —donde nuevos escenarios como el Autocine adquieren un protagonismo inusual— u horarios menos noctámbulos abundan cada semana, experimentos con mejor o peor resultado. Bailes acotados. Muchos —cada vez más, aunque lo hubiesen intentado— han optado por esperar a volver a bailar cuando haya garantías de hacerlo como más nos gusta. En cambio todos hemos visto atónitos vídeos como en La Riviera de Madrid o Marina Beach Club en Valencia, entre tantos otros, que con más avaricia que cabeza y una imprudencia pasmosa desmontan todos los esfuerzos de la comprometida escena clubbing en parecer responsable y salvar la industria sin poner en riesgo a los clubbers.

Los medios apuntan directamente al ocio nocturno —aún con playas y terrazas abarrotadas, eventos más "culturales" hasta la bandera o reuniones multitudinarias o deportivas sin control— como gran foco, se les ha puesto demasiado fácil. Bares de copas y discotecas de medio pelo tampoco ayudan. Demonizar al demonio no requiere mucho esfuerzo. Navarra, Murcia, Barcelona, Madrid... cada vez más Comunidades apuestan por restringir más los horarios, condiciones y aforos. Y ojo, que estamos totalmente de acuerdo con imponer todas las medidas necesarias que frenen el crecimiento exponente de los contagios... pero siempre que sean proporcionales en todos los ámbitos.

Mientras podemos volver a bailar y nos recreamos en lo que ya vivimos, es buen momento para que recordemos otras medidas mucho más restrictivas que han prohibido el baile en distintos continentes en las últimas décadas con un criterio más moral que sanitario. Prohibir un estilo de música en sí o equiparar los clubs de música con los locales de alterne. Visto así, no estamos tan mal...

Criminal Justice and Public Order Act (Reino Unido)

Parece que este año 2020 se plantea como el Tercer Verano del Amor. Las raves ilegales proliferan por doquier en países como Reino Unido y Francia por la frustración de no poder acudir a otro tipo de ocio o festivales. Quien sabe si recogiendo las cenizas aún humeantes de lo que fue un movimiento realmente importante y complejo de evasión colectiva frente a la sociedad. En 1994, una reforma de ley aprobada en el Parlamento de Reino Unido llegó a perseguir no sólo un tipo de evento, sino un tipo de música. Motivada por el auge del movimiento rave británico —y a consecuencia del free festival Castlemorton Common Festival de 1992 que reunió a más 40.000 personas durante una semana– la Criminal Justice and Public Order Act inscribe por primera vez en las tablas de la ley la prohibición total de toda reunión en torno a la música repetitiva.

63. Poderes para retirar a las personas que asisten o preparan una rave. E+W
-(1) Esta sección se aplica a una reunión en tierra al aire libre de [F120] o más personas (sean o no intrusos) en la que se reproduce música amplificada durante la noche (con o sin interrupciones) y es tal como, por la razón de su volumen y duración y el momento en que se toca, es probable que cause una angustia grave a los habitantes de la localidad; y para este propósito—
-(a) dicha reunión continúa durante los intermedios en la música y, cuando la reunión se extiende durante varios días, durante todo el período durante el cual la música amplificada se reproduce por la noche (con o sin interrupciones); y
-(b) "música" incluye sonidos caracterizados total o predominantemente por la emisión de una sucesión de ritmos repetitivos.

Como cabeza de turco, los colectivos Spiral Tribe o Exodus —grandes organizadores y agitadores de las free parties—, cuyo material fue confiscado y sus miembros juzgados y encarcelados por  «alteración del orden público con premeditación». No terminó con el movimiento, pero si lo mermó seriamente.

Ley Cabaret (Estados Unidos)

Hasta su derogación en 2017 —aunque había sido revisada anteriormente—, en la ciudad de Nueva York existía una Ley Cabaret promulgada en 1926 que prohibía bailar —así como "espectáculos musicales, cantos, bailes u otras formas de diversión"— en lugares que no tuvieran una licencia de cabaret. Se tomaban las huellas de los promotores e incluso de los artistas, además de hacer cumplir otras medidas como "la regla de los tres músicos".

A lo largo de su historia, la ley se aplicó de manera selectiva —tachada muchas veces de racista— siendo quizá su época más severa durante los años 90 con el ex alcalde Rudy Giuliani al frente, manteniendo un clima de miedo y duda entre propietarios de bares y clubes, y empujando a los bailarines a lugares ilegales potencialmente peligrosos en vez de hacerlo en espacios seguros y regulados.

La Ley Cabaret estuvo vigente durante 91 años hasta la aprobación de un proyecto de ley (bajo el mandato de Bill de Blasio) que además incluía la conformación de una Oficina de la Vida Nocturna —como la pionera Club Comission de Berlín o el proyecto de NIX en Madrid— que monitorizase las distintas tendencias y trabajase mano a mano con el Ayuntamiento de la ciudad.

Ley Fueiho (Japón)

De un modo similar, pero al otro lado del Pacífico, hasta hace apenas un par de años no se podía bailar en Japón al caer la noche. La Ley Fueiho —también conocida como “Businesses Affecting Public Morals Regulation Act”— aprobada en 1948, en un convulso Japón de posguerra, pretendía regular actividades ilegales como la prostitución y los cabarets… pero que también ha afectado a los clubs, englobados en la misma categoría de "establecimientos de entretenimiento para adultos". Desde medianoche hasta el amanecer, bailar estaba terminantemente prohibido a no ser que la pista de baile cumpliese una serie de requisitos como tener más de 66m² sin obstáculos, algo que afectó principalmente a pequeños clubs y espacios alternativos.

Una ley que ha estado en vigor sin apenas revisarse durante 60 años, y que, aunque durante largo tiempo se hizo la vista gorda —los clubes florecían en una zona gris—, se endureció a partir de 2011 y aumentaron las redadas en ciudades como Osaka, Fukuoka, e incluso Tokio. Movimientos como Let’s Dance han conseguido hacer que se revise esta medida, con el objetivo en los Juegos Olímpicos de Tokio que deberían celebrarse este año, consiguiendo que desde 2016 —tras un intento fallido en 2014— los clubs puedan abrir durante las 24 horas del día siempre que la iluminación supere los 10 luxes (suficiente para ver un periódico a 30cm de distancia). Por ejemplo, en Tokio ahora los clubes de música pueden operar en 638 distritos de la ciudad.

Singular es el ejemplo de Techno Udon y su modo de protesta frente a la Ley Fueiho. Para esta fiesta, a los asistentes se les entregaba una bolsa con los ingredientes propios del Udon. Para su preparación tradicional hay que pisarlos, en este caso, en la pista de baile. Incluso había una cocina para poder terminar de preparar el plato. “Si la policía viene a reprimirnos por bailar, podemos decir: '¡Estamos haciendo udon!'” .

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Arquitecto y comunicador, más madrileño que el oso y el madroño. Obseso de la buena música en general y de la electrónica en particular, de toda. Beatsoupero desde pequeñito. CEO.
Madrid