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¿Sabías cómo surgieron las primeras cajas de ritmos?

¿Quiénes fueron sus creadores? ¿Con qué intención se desarrollaron? ¿Quiénes fueron sus primeros adeptos? Supongo que lo que si tendrás claro es cuáles son las tres cajas de ritmos que han sido, son y serán elementos indispensables dentro de la producción de la música electrónica analógica.

Durante una época en la que la producción musical todavía era un enigma por resolver, se llegó a la conclusión de que no existían instrumentos capaces de aglomerar diversos sonidos musicales en un mismo uso. Hablamos de los años 70 y 80, épocas de incesantes cambios para la historia de la música, durante los que estas máquinas pasaron a formar parte de “una revolución”. Allá por 1972, Ikutaro Kakehashi, ingeniero japonés aficionado a la música, daba vida a una de las empresas más importantes para la industria de la música electrónica: Roland. Kakehashi, conocido como el mago de los teclados electrónicos – y no en vano –, tuvo la visión y la necesidad de crear una compañía dedicada a la fabricación de instrumentos analógicos capaces de cubrir las necesidades de productores y visionarios de la música del futuro.

El deseo de Kakehashi por desarrollar su sentido musical le llevó a la fabricación de una de las drum machines más demandadas de la industria: la mítica TR-808, conocida mundialmente por ser la primera caja de ritmos programable. Ikutaro tenía muchas inquietudes por resolver, lo que desembocó en la creación del lenguaje universal MIDI (Musical Intruments Digital Interface), un sistema digital que permite la comunicación entre varios instrumentos electrónicos. Estas dos creaciones marcaron un antes y un después en la evolución de la música electrónica, dando paso con el tiempo a la introducción de otros elementos como los amplificadores, los sintetizadores avanzados o los famosos teclados Roland.

“Un día tuve el anhelo de tocar música, pero los instrumentos que yo quería no existían todavía, así que tuve que inventarlos".

Durante los años 80, géneros convencionales como el hip-hop o la música dance, quedaron absortos por el movimiento de las cajas rítmicas. Grandes artistas como Marvin Gaye o el grupo alemán Kraftwerk, fueron pioneros en utilizar los sonidos de estos instrumentos para la producción de su música. Fue a partir de entonces, y gracias a la influencia de estos artistas, cuando comenzaron a surgir géneros que basaban sus patrones rítmicos en el uso de estas máquinas: el house, el techno, el synth-pop, el electro o el new wave.

La evolución y el origen de los sintetizadores tuvo un impacto inigualable dentro de la industria de la música electrónica. Hoy hablamos de las tres cajas rítmicas más importantes de la historia electrónica:

 

TB-303 Bass Line

Conocida por ser la propulsora del sonido acid. Un instrumento que vio la luz en 1982, pero que no consiguió llegar a su máximo esplendor hasta pasados varios años. Su diseñador, Tadao Kikumoto, fabricó esta pequeña máquina para que tuviera la particular función de crear líneas de bajo basadas en patrones, con la intención de reemplazar a dicho instrumento durante ensayos y conciertos en vivo – propósito que nunca llegó a cumplir sus expectativas por concebirse como un sonido demasiado sintético –.

En la segunda mitad de la década de los 80, este instrumento pasó a ser popular gracias a la demanda de artistas de carácter alternativo, acuñándose el estilo “Acid House” – nombrado así tras el lanzamiento del famoso Acid Trax de Phuture –. A partir de aquí, pasó a ser un dispositivo fácil de adquirir con la capacidad de programarse para ofrecer numerables combinaciones de sonidos.

 

   

TR-808

Lanzada al mercado en 1980, fue la pionera de estas tres máquinas electrónicas. En sus inicios no llegó a ser un instrumento muy demandado, ya que sus cualidades resultaban demasiado marcianas para su tiempo. Sin embargo, su corto recorrido de vida – pues solo se fabricó durante 3 años –, hizo que estuviera en el hall of fame de las drum machines. No fue hasta 1982 cuando consiguió labrarse un hueco en el mercado, gracias al artista Marvin Gaye, quien escribió su clásico “Sexual Healing” con una 808 entre las manos.

Hoy en día, y debido a su limitada fabricación, la 808 original es considerada una pieza de museo con un valor exponencial de hasta 4.000€.

 

   

TR-909

Su origen data de 1983, año en el que fue creada por un grupo de ingenieros de la compañía Roland. Se trató de la sucesora de la 808, una mejora que cubría la deficiencia de frecuencias graves de su antecesora y que aportaba un kick para dar potencia al beat que necesitaba el Techno, el Trance y el House. Hoy por hoy es considerada un must por aquellos productores que todavía trabajan con piezas analógicas y que realizan Live Acts durante sus giras. Podréis identificarla en grandes figuras del Techno como Jeff Mills – a.k.a dedos de oro –, considerado una leyenda en el manejo de este instrumento.

Lo que diferenció la 909 de su antecesora fue su sonido matizado digitalmente, en el que el kick del drum sonaba realmente fuerte en comparación con lo que podía ofrecer un kit acústico. Otra de sus características fue la incorporación del secuenciador, un avance digno de nombrar, y su compatibilidad con el sistema MIDI. Esto permitió que la 909 pudiera comunicarse con otros intrumentos, abriendo un mundo de posibilidades a los artistas, que ahora podían empezar a desarrollar pequeños estudios.

   

Casi cuatro décadas después, todavía podemos seguir escuchando sus sonidos en los lives y producciones de muchos artistas. Artistas que no se atreven a abandonar la belleza sonora que emanan estas pequeñas máquinas, causantes de una revolución en la historia musical.

¿Por qué será que la música siempre se aferra al pasado para construir su presente? Lo que está claro es que cada día tenemos más posibilidades digitales y que, al fin y al cabo, el mundo analógico queda relegado a un ámbito más purista formado por amantes de lo trascendental y tangible.

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Event manager & producer, creativa, writer y amante de la música. Ubicada entre Londres y Madrid, siempre promoviendo cultura por y para la escena electrónica.
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